Las actividades de nuestro día a día pueden llegar a ser abrumadoras; esto sumado a una mala calidad en nuestro descanso y a que no ponemos suficiente atención en nuestra alimentación, puede llevarnos a sufrir estragos importantes en nuestra capacidad de retención; lo que afecta nuestro rendimiento mientras estudiamos.

¿Podemos hacer algo?, además de descansar adecuadamente, hidratarnos y comer de forma saludable, tenemos estos tips que te ayudarán a mantener sana tu memoria y eliminar el estrés:

  1. Realiza ejercicios contra el estrés: La práctica de meditación, yoga o mindfulness le ayudan a nuestro cerebro a no perderse en la sensación de estrés o ansiedad: Encontrar un tiempo para uno mismo y la meditación ayuda a mejorar el estado de ánimo y mejorar la memoria. En muchas universidades se están impartiendo talleres sobre este tipo de prácticas. Estas técnicas son perfectas para relajar el cuerpo y evitar el estrés diario.
  2. Las horas de sueño son claves para el descanso de los seres humanos. Muchos universitarios comienzan a llevar una vida nocturna que suele implicar una reducción de las horas dedicadas al sueño. Esto puede tener consecuencias negativas en su capacidad de concentración. El descanso es importante para evitar el estrés.
  3. No te preocupes si algunas veces no consigues concentrarte como te gustaría; puedes recurrir a técnicas para ejercitar tu atención; como la técnica “pomodoro”: En concreto, el método divide el tiempo en periodos de 25 minutos -denominados pomodoros- separados por pausas dedicadas al descanso. La idea sobre la que se fundamenta la Técnica Pomodoro es que las pausas frecuentes serían capaces de mejorar la agilidad mental.

Para muchas personas, el secreto para ser productivo es darte un poco de tiempo para que tu cerebro descanse después de estar concentrado en una tarea; esto te mantendrá alerta, despejado y libre de estrés.


¿Eres de los que dejan todo para el último minuto? Si un maestro te asignó un trabajo de investigación con un plazo de entrega a un mes y tú pasas 29 días sin pensar en él y quieres hacer todo el trabajo en un día; o eres de los que se pone a estudiar para un examen apenas un día o unas horas antes de la prueba, eres una más de los miles de personas que no saben organizar sus actividades a lo largo de determinados periodos de tiempo.


El estrés está considerado como la epidemia mundial más grave de nuestro tiempo. Las exigencias impuestas por nuestro moderno estilo de vida, así como el énfasis en cuestiones como la excelencia, el máximo rendimiento y el aumento en la competencia, por mencionar algunas, son la causa de un aumento en los niveles de estrés en el mundo laboral.

Estos efectos se han estudiado a fondo; sin embargo, existe otra área de actividad donde el estrés también tiene un efecto negativo en el rendimiento y bienestar en general: el ámbito académico.

Aunque no hay tantos estudios sobre los efectos del estrés en el rendimiento académico de los estudiantes, es un problema real que afecta no solo a su capacidad de aprendizaje, sino a su salud y estado de ánimo.

Los efectos de estrés académico son especialmente visibles en los estudiantes universitarios y se deben principalmente a las demandas impuestas por el ámbito académico. Y si hablamos de universidades con exigencias y un nivel académico muy alto, el problema es mayor.

Padecer un alto nivel de estrés, con su afectación en el rendimiento y capacidad intelectual y la salud física y emocional, altera negativamente el rendimiento académico de un estudiante y esto puede resultar en bajas calificaciones, baja calidad de sus trabajos académicos, y en casos más graves, provoca la deserción escolar.

Los pocos estudios sobre el tema han establecido una lista de los principales detonantes del estrés en el ámbito académico:

  • Evaluaciones, exámenes o cualquier tipo de actividad que pretenda medir su rendimiento.
  • Exposición de trabajos frente al grupo.
  • Sobrecarga de trabajos académicos (demasiados trabajos, demasiadas materias o muy difíciles durante un periodo).
  • Profesores con una personalidad agresiva que presionan o amenazan a los estudiantes con castigos tipo: pérdida de puntos o calificación reprobatoria.
  • Falta de tiempo para cumplir con las tareas académicas.
  • Competitividad entre los compañeros de aula.
  • Realización y entrega de trabajos necesarios para pasar una asignatura.
  • Realización del proyecto final o tesis.
  • Exposición y defensa del proyecto final o tesis.

Cualquiera de estos detonantes pueden producir efectos físicos, psicológicos y de conducta entre los estudiantes tales como dolores de cabeza, insomnio, cansancio crónico, somnolencia, desconcentración, mala memoria, bloqueos con un tema o materia, ausentismo, falta de energía para hacer los trabajos e incluso aislamiento social.

En casos graves, los estados prolongados de estrés pueden causar depresión, problemas de hipertensión o problemas digestivos como gastritis o úlceras.

La detección temprana de los síntomas del estrés, así como la adopción de algunas medidas para administrarlo, pueden evitar que los estudiantes caigan en depresión o presenten problemas de salud.

En este sentido, resultan muy útiles algunas técnicas de meditación combinadas con alimentación sana, ejercicio físico, descanso y un sistema de planificación de tareas que evite caer en los estados agudos de estrés.


Cuando hablamos de adicciones de inmediato pensamos en las adicciones a sustancias como el alcohol o las drogas; sin embargo, la conducta adictiva puede “engancharse” con una gran variedad de actividades, sustancias y objetos, de modo que el fenómeno adictivo es más amplio.

Si bien las adicciones al alcohol y las drogas son de las que mayores riesgos presentan para la salud y la seguridad de las personas, en especial los adolescentes, las otras dependencias también afectan seriamente a la calidad de vida y la salud de quienes las padecen.

¿Qué es una conducta adictiva?

De entrada, las adicciones se consideran una enfermedad, no un delito, y por eso son un problema principalmente de salud pública. En algunos casos la conducta adictiva se desarrolla de forma gradual y en otras se presenta de inmediato. Una adicción es un hábito compulsivo en donde la persona que la padece no tiene la capacidad de controlar sus impulsos y se vuelve dependiente de la sustancia o actividad para experimentar una sensación momentánea de bienestar.

Las características que permiten identificar una conducta adictiva son:

1.- Experimentar la compulsión de consumir una sustancia o realizar una actividad determinada, por ejemplo, beber o apostar.

2.- Tener una capacidad deteriorada para controlar la conducta.

3.- Experimentar gran malestar físico o intensas alteraciones emocionales cuando no se puede realizar la conducta adictiva o cuando sus efectos se terminan. 

4.- Mantener esta conducta a pesar de estar consciente de los daños o disminución en la calidad de vida que está provocando.

Algunas de las otras adicciones

Los especialistas en adicciones las dividen en adicciones químicas, es decir, las sustancias que pueden ingerirse, inhalarse, inyectarse y cuyos activos producen sensaciones placenteras de inicio en quien las consume. En esta categoría están las adicciones a las drogas, al tabaco y al alcohol. Algunos ubican a la comida en esta categoría.

El otro tipo de adicciones se llaman conductuales porque en este caso lo que produce el “rush” o sensación placentera no es una sustancia sino una actividad. En esta categoría caben las adicciones a los juegos de azar, a las compras, al sexo, a los gadgets electrónicos, al ejercicio o a las actividades extremas.


Estudiar y trabajar al mismo tiempo es, hoy en día, algo complicado de hacer, pero no imposible. Es una realidad para muchos universitarios, es muy importante la planificación y la motivación.

Estas claves te ayudarán a equilibrar y combinar ambas tareas de forma exitosa.

  1. ORGANIZA: Si no tienes la costumbre de organizar tus días en agendas, tendrás que dedicarle tiempo a hacerlo. Es tremendamente importante, sobre todo tratándose de estudiar y trabajar al mismo tiempo, que mantengas un orden y una organización para todo: Organiza tus días por horas, establece tiempos para cada actividad e intenta cumplirlos. Por ejemplo, los sábados y domingos, si los tienes libres, organízalos al máximo para poder hacer todo lo que no has podido hacer el resto de la semana.
  2. AFRONTA EL ESTRÉS: Mantén separado el trabajo de los estudios, evita preocuparte por el trabajo cuando estudies y viceversa. Tómate los descansos que necesites sin exagerar. Hacer ejercicios y deportes te ayudarán a despejarte de las preocupaciones. Así mismo, duerme lo suficiente y come alimentos saludables.
  3. RESERVA TIEMPO PARA TI MISMO: Trabajar y estudiar al mismo tiempo no significa que no puedas dedicarte algo de tiempo para ti mismo de vez en cuando. Es importante no abandonar hobbies ni dejar de pasar tiempo con tus amigos o familiares. Descansar y marcar los tiempos adecuados en tu agenda también es aprender a estudiar. Una vez a la semana puedes reservar algo de tiempo para tocar la guitarra, ver tu serie favorita o ir a visitar un museo.

Recuerda que ante todo está nuestra salud. Trabajar y estudiar al mismo tiempo implica vivir demasiado rápido, pero no necesariamente invadido por el estrés laboral. Debes analizarte a ti mismo antes de comenzar nada, ser realista respecto a la cantidad de estrés a la que estarás expuesto y valorar qué te conviene más.


Durante nuestra vida, siempre existen periodos en los que necesitamos proteger nuestro cerebro del desgaste cotidiano, particularmente cuando estamos en exámenes o presentando material importante en nuestro trabajo; si buscas potenciar tus funciones cerebrales y mejorar tu memoria, necesitas incluir en tu dieta estos súper alimentos.

Nuestros cerebros son máquinas orgánicas complejas y poderosas que necesitan de una gran cantidad de nutrientes para funcionar correctamente, ¡Descúbrelos!

Alimentos:

  1. Nueces: están dentro de los súper alimentos más populares que ayudan a mejorar tu capacidad cerebral. En comparación con otros frutos secos, las nueces son las que poseen la cantidad más alta de ácidos grasos Omega-3. Estos ácidos protegen tu cerebro; dado que aumentan el funcionamiento de los neurotransmisores lo que, a su vez, mejora tus habilidades cognitivas y la memoria.
  2. Jitomate: son una gran fuente de un poderoso antioxidante llamado licopeno, que actúa en contra del daño de los radicales libres de las células del cerebro, lo que puede causar demencia. Se ha demostrado que las personas que consumen licopeno a diario tienen mejor memoria que aquellos que no lo hacen.
  3. Chocolate amargo: es uno de los mejores alimentos ricos en antioxidantes que existen. Es un excelente alimento para tu cuerpo, especialmente para tu cerebro. Su contenido de cafeína juega un rol importante a la hora de mantener alerta tu mente. El chocolate amargo contiene flavonoides, que ayudan a aumentar la circulación sanguínea hacia tu cerebro.
  4. Arándanos: te puede ayudar a mantener tu cerebro en buenas condiciones, aun entrando en la vejez. Los arándanos contienen flavonoides que potencian tu memoria y mejoran el aprendizaje y otras funciones cognitivas.
  5. Espinacas: es rica en potasio, lo que ayuda a mantener la conductividad eléctrica del cerebro en buen estado, además de mejorar el pensamiento y la memoria. La espinaca es también rica en antioxidantes que protegen las neuronas de cualquier tipo de daño.

¡Convierte tu cerebro en un súper cerebro!


Puede que una siesta ayude después de una larga jornada de estudios, pero sin lugar a dudas dedicar aunque sea 30 minutos a hacer deporte te brindará más energía y descanso que varias horas de sueño.

El ejercicio físico un potente aliado que lo convierten en una excelente actividad durante etapas de alto rendimiento académico.

¿Qué beneficios aporta?, te lo contamos a continuación:


Alivia la ansiedad: tras una dura sesión de horas de estudio, nada mejor que la actividad física para relajarte.

Nos hace sentir bien: nos guste o no es un hecho científico que la práctica de deporte proporciona sensación de relajación y felicidad. Cuando movemos nuestro cuerpo, liberamos endorfinas, una sustancia que produce nuestro cuerpo y que nos aleja de sensaciones negativas.

Aumenta la capacidad intelectual: no, no nos referimos a que pasando horas en el gym nos convertiremos en un premio Nobel, pero nuevamente la ciencia nos demuestra que una actividad deportiva moderada aumenta la producción de nuevas células cerebrales.

Mejora la productividad: es absolutamente improductivo, e incluso nocivo, pasar horas y horas sin descanso estudiando. Los expertos aconsejan un descanso de cinco minutos por cada hora de máxima actividad cerebral.

Mejora la resistencia física: la próxima vez que te enfrentes a una larga jornada de estudio, verás que tu cuerpo poco a poco comienza a resistir más y no sufre tanto por ese sacrificio.

Mejora la presión arterial: al estar estudiando, intentando dirigir toda la concentración que tu cuerpo es capaz de ofrecer hacia el libro que tienes delante y pidiendo a tu cerebro que se mantenga atento, necesitas tener una presión arterial estable.

Mejora el estado de alerta: las endorfinas producidas tras hacer ejercicio son las encargadas de ponerte en estado de alerta y permitirte un nivel de concentración mayor. Por lo tanto, optar por correr o caminar antes de estudiar puede ser una excelente idea.

Hacer ejercicio de forma regular es un excelente método para mejorar la salud y prevenir enfermedades. Con beneficios tanto a nivel físico como psicológico, es una actividad sumamente positiva para todo tipo de personas.